Declaración del CapÃtulo General de la FSSPX reunido del 3 al 15 de julio de 2006
Para mayor gloria de Dios y la salvación de las almas, y para servir realmente a la Iglesia, con motivo de su tercer CapÃtulo General que ha tenido lugar del 3 al 15 de julio de 2006 en Ecône (Suiza), la Fraternidad Sacerdotal San PÃo X quiere expresar su firme decisión de proseguir, con la ayuda de Dios, su acción en la lÃnea doctrinal y práctica que marcó su venerable fundador Monseñor Marcel Lefebvre. Siguiendo sus huellas en el combate en defensa la fe católica, la Fraternidad hace plenamente suyas sus crÃticas al Concilio Vaticano II y a sus reformas, tal como declaró en sus conferencias y sermones y de modo particular en su declaración del 21 de noviembre de 1974: “Estamos unidos con todo el corazón y con toda nuestra alma a la Roma católica, guardiana de la Fe católica y de las tradiciones que son necesarias para mantener esta Fe; a la Roma eterna, maestra de sabidurÃa y de verdad. En cambio, nos negamos y siempre nos hemos negado a seguir a la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante que claramente se manifestó en el Concilio Vaticano II y, después del Concilio, en todas las reformas que le han seguidoâ€.
En los intercambios que ha tenido en estos últimos años con Roma, la Fraternidad ha podido comprobar la pertinencia y necesidad de las dos cuestiones previas (una libertad total e incondicional para celebrar la Misa tridentina y retirar el decreto de excomunión sobre los cuatro obispos de la Fraternidad) que reclama y que supondrÃan un grandÃsimo bien para la Iglesia, al restituirle al menos una parte de sus derechos a su propia Tradición. No sólo dejarÃa de estar oculto este tesoro de gracias del que goza la Fraternidad sino que de este modo se obtendrÃa el remedio que el Cuerpo MÃstico tanto necesita para curarse.
Si una vez dados estos pasos la Fraternidad cree que son posibles las discusiones doctrinales, es también con la finalidad de que la voz de la doctrina tradicional resuene con más fuerza en la Iglesia. En efecto, los contactos que mantiene la Fraternidad esporádicamente con las autoridades romanas tienen como único objeto ayudarles a que hagan otra vez suya la Tradición, de la que la Iglesia no puede renegar sin perder su identidad, y no para lograr una ventaja para sà misma ni para llegar a un imposible “acuerdo†puramente práctico. El dÃa en que la Tradición recupere todos sus derechos “el problema de la reconciliación no tendrá ya razón de ser y una nueva juventud florecerá en la Iglesia†(Carta de Monseñor Lefebvre al Papa Juan Pablo II, del 2 de junio de 1988).
En este largo esfuerzo de reconquista, el Capitulo exhorta a todos los miembros de la Fraternidad a vivir aún con más intensidad, en conformidad con sus Estatutos, de esta gracia propia de la Fraternidad: la unión a la gran oración del Sumo Sacerdote, el Santo Sacrificio de la Misa. Tienen que estar convencidos, junto con sus fieles, de que en este esfuerzo cada vez mayor de santificación, en el corazón de la Iglesia, es donde está la única solución para los males actuales: la restauración de la Iglesia mediante la restauración del sacerdocio.
Al final mi Corazón Inmaculado triunfará.
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